Responsabilidad en las agresiones de pacientes a médicos

por | 3 Mar, 2018 | Comunicación No Verbal, Sinergología |

03 DE MARZO, 2018
Escrito por:

CRISTINA JIMENEZ

Sinergóloga experta en fraude.

Técnico en Morfopsicología.

Certificada por Paul Ekman en Habilidades emocionales y Detección de la autenticidad

Las agresiones a médicos y a personal sanitario por parte de pacientes y familiares han crecido en los últimos años, a pesar del endurecimiento de las penas. Las principales razones por las que pacientes y familiares agreden a médicos y personal sanitario, son las discrepancias con la atención médica, el tiempo de espera y el no estar de acuerdo con lo que le ha sido recetado. El colectivo de los médicos busca soluciones para combatir el incremento de las agresiones, a pesar de que, en 2015 se reformó la ley, endureciendo las penas, para que las agresiones a médicos fueran consideradas atentado a la autoridad. En algunas comunidades como el País Vasco, Galicia, Andalucía, Madrid y Castilla la Mancha han instalado un dispositivo de alerta, el botón del pánico, y dan clases de defensa personal.

Esta información es parte de la mostrada el pasado 27 de febrero en el programa de la cuatro: “En el punto de mira

Soy médico y uno de los mayores atractivos de la profesión, bajo mi perspectiva, es precisamente la relación médico-paciente. Lo que da valor humano a la misma es precisamente ese elemento sin el cual, la curación de los pacientes se volvería muy complicada, a pesar de los avances tecnológicos y farmacéuticos.

Por tanto, debemos analizar las causas mencionadas en el encabezado de este artículo, desde todos los puntos de vista.

Las discrepancias con la atención médica pueden producirse por el excesivo acceso que tiene cualquier persona, a través de internet y de las redes sociales, a relacionar sus síntomas con cualquier enfermedad y en ocasiones acuden al médico para que éste confirme lo que ellos “ya saben”.

El tiempo de espera se relaciona con la excesiva saturación de los centros médicos y la sensación que puede llegar a tener el paciente de que la atención que se le presta a él es siempre más corta que la de otros.

El no estar de acuerdo con la medicación está bastante relacionado con el primer aspecto tratado. El paciente “ya sabe” lo que debe recibir por lo que un cambio por parte del médico puede suponerle una contrariedad.

Pero el debate podría ser el siguiente… ¿realmente creemos que esto es todo? ¿Nos hemos parado a analizar todas y cada una de las causas para poder poner en marcha todas las posibles soluciones?

A cualquier centro asistencial pueden acudir pacientes con exceso de consumo de alcohol y/o drogas, antecedentes conocidos o desconocidos de trastornos mentales, personas agresivas o delincuentes en su vida diaria. La prevención y actuación sobre posibles agresiones de este tipo de pacientes deben incluir la vigilancia por parte de personal cualificado en los centros y ser conscientes de que el riesgo, en estos casos, es más probable que en el caso de pacientes sin características de este tipo.

¿Conocemos cómo es el comportamiento habitual de esta persona?
¿Sabemos exactamente el contexto en el que se produce la situación analizada? ¿Sabemos las emociones que genera en esa persona esa situación concreta? ¿Nos estamos comportando nosotros de la manera adecuada en la interacción? ¿Qué experiencias previas ha tenido esta persona en circunstancias similares?

Sin embargo, el incremento tan alarmante de este tipo de situaciones nos hace plantearnos otro tipo de cuestiones. ¿Qué puede llevar a un paciente a agredir verbal o físicamente a un médico cuando se trata de una persona sin antecedentes agresivos?
Últimamente se hace referencia a que los médicos hemos perdido el estatus que antaño teníamos en la sociedad. Ya no se nos respeta ni se tiene en consideración el papel que cumplimos sin el cual no sería factible la subsistencia.

“Debemos aprender a observar, para comprender

 

Pero, ¿qué parte de responsabilidad tenemos los médicos? Está claro que si pensamos que el culpable es exclusivamente el paciente, nunca llegaremos a solucionar este problema.

En el programa de televisión mencionado al inicio de este artículo, una paciente fue condenada por agredir a una médico porque ésta no la derivó a un especialista en otorrinolaringología al no haber disponibilidad de esa especialidad. En este caso, se encontraba bastante mal y estaba convencida de necesitar esa especialidad para poder curarse. La frustración de saber que no iba a poder ser atendida por el especialista, desencadenó un ataque de ira que la llevó a la agresión.

La habilidad para controlar las emociones es privilegio de algunas personas, pero no de todas. El umbral para pasar de la frustración a la agresividad puede ser muy bajo en muchos casos por lo que la habilidad para contrarrestar esa frustración es una asignatura pendiente para muchos profesionales. ¿Qué habría pasado en este caso si en vez de decir a la paciente que no había especialista disponible, la hubiese intentado convencer que no necesitaría al especialista porque ella tenía la solución perfecta para su problema?

Los profesionales de la salud tenemos que aprender a analizar nuestros propios comportamientos y preguntarnos si realmente lo estamos haciendo correctamente. ¿Miramos a nuestros pacientes a la cara de una manera empática para adentrarnos en lo que realmente le preocupa? ¿Hacemos todo lo posible porque entiendan lo que realmente les ocurre y los tranquilizamos para que confíen en nosotros?

La comunicación es clave en las relaciones humanas y cuando se está enfermo, la sensibilidad en todos los aspectos es muy elevada, por lo que tendremos que aprender y aplicar estrategias que nos permitan un mejor conocimiento de la persona que tenemos enfrente y modificar nuestro comportamiento, si es preciso.

La Sinergología® es una de estas disciplinas que nos permite decodificar las verdaderas emociones que afectan a nuestro paciente y, de esta manera, adaptarnos a cada situación y minimizar los riesgos.

En el Instituto Vermen ayudamos a todos aquellos profesionales que utilizan la comunicación como elemento clave en su actividad laboral para que puedan conseguir una mayor efectividad en sus relaciones y, por tanto, maximizar su rendimiento.

“La comunicación es la clave”

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