MIEDO. Gestualidad y escritura

por | 16 Jun, 2018 | Grafología, Microexpresiones Faciales, Sinergología | 0 Comentarios

16 DE JUnIO, 2018

Escrito por:

CRISTINA JIMENEZ

Sinergóloga experta en habilidades emocionales y evaluación de la autenticidad

SANDRA CERRO

Grafóloga. Perito calígrafo y escritora.

Vamos a tratar la segunda de las emociones básicas desde el contexto de la Sinergología y la Grafología, dos de las disciplinas con las que trabajamos desde el Instituto Vermen y que nos permiten alcanzar un mayor conocimiento del comportamiento humano desde perspectivas No Verbales.

El MIEDO, como las seis emociones básicas restantes, tiene un comportamiento universal.
Las circunstancias que desencadenan el mismo se relacionan con la percepción de un estado de vulnerabilidad que obliga al individuo a prepararse para la huída o la defensa y que, en muchas ocasiones, provoca un bloqueo que merma la capacidad de reacción.

Ante situaciones que no controlamos, nuestro cuerpo se estresa. Esta circunstancia genera la secreción de cortisol en sangre y desencadena una serie eventos en el interior del organismo que influyen, de forma evidente muchas veces, y no tan claras en otras, en la gestualidad y la escritura.

Desconocemos qué puede percibir un individuo, o sentir en su fuero interno, que le lleve a ese estado de vulnerabilidad, ya que influyen muchos aspectos en esta circunstancia.

Como ya hemos tratado en artículos anteriores, la información es percibida inicialmente a través de los órganos sensoriales y los filtros que utilizamos en esa fase están relacionados, ente otras cosas, con aspectos culturales, valores, experiencias previas, etc. Esto conlleva que los elementos que desencadenan esa sensación de vulnerabilidad pueden ser diferentes entre unos y otros individuos.

Si somos capaces de leer las señales de esa emoción, podremos relacionarla con eventos que se están produciendo en ese momento concreto, tanto dentro del individuo como fuera, y nos ofrecerá herramientas muy interesantes para ayudar a detectar y a superar un posible problema o, incluso, percibir incongruencias de comportamientos en casos concretos.

Tanto el rostro como el cuerpo generan señales específicas.

La expresión de miedo en el rostro se percibe como un “estiramiento” hacia ambos lados de la cara. En términos generales, las cejas se levantan y se juntan lo que, en muchas ocasiones, genera arrugas horizontales en la frente. Los párpados superiores se arquean y los inferiores se levantan llegando a cubrir parcialmente el iris. La boca se estira desde las comisuras y la barbilla se retrae. El cuello tiende a tensarse.

Este es el rostro “evidente” del miedo. Sin embargo, en muchas ocasiones sólo se producen microexpresiones en puntos aislados. Esto ocurre cuando el individuo intenta ocultar la emoción pero esta acción, involuntaria, lo delata. Un entrenamiento en la detección de las microexpresiones nos permite perfeccionarnos como analistas del comportamiento humano.

Existen catorce músculos que pueden actuar en el rostro, relacionados con la expresión del miedo pero, de forma aislada, pueden intervenir los que accionan las cejas, o los párpados o la boca. De forma conjunta, también pueden activarse cejas y párpados en una microexpresión única.

En el cuerpo, el miedo puede detectarse en la actitud interior y a través de micromovimientos. Se trata de una emoción tónica, por lo que las articulaciones tienden a tensarse y contraerse, el cuerpo se recoge a modo de protección y el estrés puede llegar a desencadenar micropicores en diferentes zonas corporales, según la causa originaria de ese miedo concreto. La secreción de cortisol provoca una aceleración cardiaca que promueve la concentración de sangre en los órganos que se preparan para atacar o para huir, por lo que algunos otros, como el caso de la glándula salivar, queda insuficientemente irrigada, hasta el punto de no ejercer correctamente su función, lo que dificulta la acción de la deglución, circunstancia ésta que también se hace perceptible.

En la posición de sentado, puede adquirir cualquiera de las tres posiciones atrasadas pero también aquellas que le predispongan al ataque, en caso necesario.

La mano que escribe con miedo es una mano insegura y además tiembla, por tanto su escritura será un conjunto atormentado, con una cadencia sumamente irregular, con rasgos interrumpidos, temblorosa y con presencia de sacudidas, con presión débil o rota, y con variabilidad en la inclinación de las letras y la dirección de los renglones. La escritura será pequeña y quizás rebajada, apocada y estrecha. Estos son algunos rasgos que pueden observarse en aquel que escribe con esta emoción en su interior.

Como ya expusimos al hablar de la ira, la sinergología, las microexpresiones faciales y la grafología resultan elementos muy interesantes que, en su conjunto, nos permite una identificación clara de estados emocionales. Podremos tomar consciencia de nuestros comportamientos si somos capaces de entrenarnos en la observación y tras haber aprendido las claves de cómo se muestra nuestra corporalidad.

En posteriores artículos, comentaremos la alegría y la tristeza.

Si quisieras llegar a ser un experto en el análisis multidisciplinar de estas emociones, sólo tienes que permanecer atento a la información que mostramos en nuestras páginas del Instituto Vermen (www.ivermen.com) y del Centro de Grafología Sandra Cerro (www.sandracerro.com).

¿Quieres más trucos sobre lenguaje no verbal?

Subscríbete ahora y obtén gratuitamente trucos sobre comportamiento no verbal.

Muchísimas gracias por formar parte de esta comunidad!

Shares