Debate Atresmedia 2019

por | 24 Abr, 2019 | Comunicación No Verbal, Microexpresiones Faciales, Sinergología | 0 Comentarios

Estudio realizado por el Equipo

Cristina Jiménez, Sinergóloga especializada en detección de la veracidad.

Pedro Cárdenas, Sinergólogo especializado en Negociación y ventas.

Colaboradores: Alumnos de la primera promoción del Experto Universitario de Análisis del Comportamiento no consciente (Instituto Vermen/UDIMA)

Ayer 23 de abril, publicamos nuestras conclusiones, en materia de comportamiento no verbal, de los candidatos en el debate de RTVE. Prometimos que haríamos lo mismo con el de ATRESMEDIA, celebrado en la noche del 23 de abril y aquí estamos.

Nuestra intención, fundamentalmente, es contrastar el comportamiento de cada uno de ellos e intentar comprobar si se produjo alguna modificación y si se cuidaron o no los detalles en este sentido.

Como ya comentamos, el contenido de sus propuestas, puede analizarse desde la objetividad de los datos y los programas. La convicción, sin embargo, es fundamental a la hora de generar credibilidad en el espectador votante.

UN ADJETIVO COMO RESUMEN DEL DEBATE

Ayer, decidimos poner un adjetivo a cada uno de los candidatos y mostramos los elementos que nos llevaban a concluirlos. Para el que no lo recuerde, los adjetivos fueron:

De izquierda a derecha:

Pablo Casado: “AUSENTE”

Pedro Sánchez: “TENSO”

Albert Rivera: “CONFIADO”

Pablo Iglesias: “INSEGURO”

En el artículo de hoy, volveremos a colocar los adjetivos, que según nuestras apreciaciones, más se aproximaron a sus comportamientos y puesta en escena:

Pablo Casado: “CRECIDO (rozando la soberbia)”

Pedro Sánchez: “ACOMODADO (manteniendo el tono pero algo menos de tensión)”

Albert Rivera: “DESCONCERTADO (tal vez le jugó una mala pasada el venir como posible vencedor del debate anterior)”

Pablo Iglesias: “SOSEGADO (compostura y sensatez)”

De manera evidente, sus asesores han jugado un papel importante en ambos debates.

Es muy significativo el importante cambio que se advierte en Pablo Iglesias, por ejemplo, en el que la vestimenta juega un papel fundamental. El aparecer con jersey, le permitió una apariencia más acorde al momento y le impedía remangar la camisa, circunstancia esta que incrementaba la “desgana” que transmitió en el primer debate. Al mismo tiempo, el pantalón más estrecho, le dificultó en las 2-3 ocasiones que intentó introducir la mano izquierda en el bolsillo. Asímismo, el expego en la piernas (piernas abiertas), excesivamente evidente, incrementó la impresión de seguridad. Su torso se mantuvo más erguido. Gesticuló más con sus manos y mantuvo menos tiempo el bolígrafo en la mano, a la vez que lo utilizaba, en mayor medida, para anotar.

Su minuto de oro fue algo más pobre que el resto del debate. Poca gesticulación y más controlada. Gestos hacia la emoción, retrasados en relación a la verbalidad, lo que se traduce en incoherencia con el mensaje o, lo más probable en este caso, discurso aprendido.

En cuanto a Pedro Sánchez, probablemente fue al que menos modificó su comportamiento gestual. Eso sí, a pesar de resultar un debate más bronco verbalmente, mostró menos tensión y crispación. El Sanpaku mantenido en el primer debate, se dejó ver en muchos momentos, pero no era constante. Mostró ira en menos ocasiones, y su posición frente al atril, resultó algo más relajada. Eso sí, como descarga de estrés, manipulaba constantemente los papeles y tal vez abusó de la lectura. Observamos contracción en su hemicara derecha, lo que denota cansancio importante.

Su minuto de oro resultó casi calcado al del debate anterior, destacando las expresiones de tristeza y ánimo bajo. Manos en presa de la derecha sobre la izquierda, “control sobre espontaneidad”

En referencia a Pablo Casado, claramente se mantuvo más presente. No en vano, creció hasta el punto de mostrar más señales de altivez (eje sagital de la cabeza más elevado y rictus de desdén más pronunciado y mantenido por momentos). Resultó más participativo y miraba más directamente a sus interlocutores y a la cámara. Menos rigidez frente al atril. Su escaso movimiento de cuello en la comunicación, sumado al eje sagital y el rictus de desdén, siguen transmitiendo distancia.

Su minuto de oro fue coherente, gestualmente, con el resto del debate. Así como al inicio se apreciaba una dilatación de la hemicara derecha, propia de la concentración y la preparación, en el minuto final  se muestra, al igual que en el caso de Sánchez, la contracción del mismo lado (cansancio)

Tal vez Albert Rivera resultara el más perjudicado de todos, en relación al primer debate. Venía de sentirse ganador y la modificación en la estrategia del resto de debatientes, probablemente lo dejó en fuera de juego. Lo más evidente resultó, sin duda alguna, la unión sostenida en el tiempo, de ambas piernas. Así como Iglesias trasladó su mayor seguridad al anclaje al suelo, Rivera nos transmitió inestabilidad. Cuando nuestros pies se mantienen juntos, nuestro anclaje al suelo es escaso y se traduce en inestabilidad. Su gestualidad con las manos resultaba más controlada y menos espontánea, usando fundamentalmente el brazo derecho y su gestualidad en el rostro resultaba bastante más forzada y poco natural.

Su minuto de oro fue un calco de lo ocurrido en la noche. Su mensaje, desde lo personal, con escasa gestualidad emocional inicial, lo acompañó de gesticulación con el lado derecho (control). Poca fuerza gestual para un mensaje tan comprometido.

CONCLUSIÓN

Como decíamos en el artículo de ayer:

El contenido verbal puede contrastarse y verificarse desde la perspectiva de los datos y programas electorales. Las emociones, nuestros verdaderos sentimientos y nuestra capacidad de enfrentarnos a las situaciones, se movilizan desde nuestro subconsciente y, a este, no podemos engañarlo.

¿GANADOR?

A modo de resumen plasmamos gráficamente el resumen de estos dos debates, en el que hemos trasladado, desde nuestra objetividad y con toda la rigurosidad que nos caracteriza, hechos objetivables. 

Podemos decir que a pesar del control y la preparación en este tipo de situaciones, la actitud interior y la gestualidad del cuerpo nos permite determinar la veracidad y la credibilidad, así como la autenticidad, de los mensajes.

Pierde la ciudadanía, los españoles, pues ninguno ha sabido trasladar, corporalmente, un mensaje veraz, auténtico y con credibilidad.

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