Seguro que conoces la acepción popular La cara es el espejo del alma. Pues bien, hoy vamos a invitarte a mirarte a ese espejo. Pero no sólo con tu cara o rostro, sino también con tus letras. Ambas, escritura y rostro, reflejan nuestra alma íntegra, completa. Y te sorprenderá descubrir la cantidad de secretos que ambos elementos esconden y las singulares coincidencias que entre ellos existen, a la hora de definir el reflejo genuino de nuestra personalidad.

Cuando observamos el rostro de una persona, podemos apreciar tres zonas diferenciadas, cada una de las cuales contiene receptores que interactúan con el entorno.

El cerebro ha ido evolucionando y con él, las funciones cada vez más estructuradas. El complejo triuno de MacLean establece la diferenciación de las tres zonas que evolucionan, y en la actualidad se acepta el funcionamiento  derivado de la interconexión de las mismas.

Del mismo modo, cuando escribimos una letra o una palabra, cuando dibujamos un árbol, una casa o una figura humana, que son los principales tests proyectivos gráficos, estamos dejando constancia de tres zonas gráficas que están íntimamente relacionadas con el simbolismo espacial.

La teoría del simbolismo espacial propugnada por Max Pulver establece que la estructura tripartita de nuestro cerebro proyecta una simbología psicológica específica a cualquier gráfico que se nos presenta a la vista.

La primera capa, el origen del cerebro humano fue el llamado Complejo reptiliano. Éste es un cerebro instintivo, primario, ligado especialmente al instinto de supervivencia y a la satisfacción de las necesidades más primitivas.

La segunda capa se corresponde con el Sistema límbico, asociado a las emociones y con el funcionamiento de la glandula que contiene, llamada Amígdala. Es el cerebro que “siente”.

Y, por último, el Neocortex, constituye el cerebro racional. El cerebro que piensa y que organiza, desde su panel de control central, tanto a las emociones como a los instintos para que no se desestabilicen.

¿Te has fijado en que hay tres zonas comunes en nuestro cuerpo, rostro y palabra escrita? Estas tres áreas están íntimamente relacionadas con las partes del cerebro antes vistas. Vamos a conocer su simbolismo psicológico que, como podrás comprobar, es también muy intuitivo:

Zona superior Mente – Cerebro racional – Zona superior de rostro: comanda el trabajo de la imaginación, la creatividad, el desarrollo de la fantasía, las tendencias espirituales, y la recreación en el mundo de las ideas, etc. Un ejemplo clásico es la letra “d”. Se considera la letra de la creatividad porque desarrolla su zona superior en esta parte. Todas las escrituras en las que predomine esa zona superior (crestas o hampas) tendrán motivaciones creativas e intelectuales.

Zona media – Corazón – Cerebro emocional Zona media del rostro: ahí se ubican las emociones, los sentimientos, todo lo relacionado con el propio ego, el Yo, y también el momento presente. Es la zona emocional, la zona del corazón, la zona común de unión de unas letras con otras y, por tanto, el área social, de relación y afectiva. En esta zona se ubican, por ejemplo los óvalos (a, o) y todas las letras que no tienen zona superior ni inferior.

Zona baja – Instinto – Cerebro primitivo o reptiliano – Zona inferior del rostro: es nuestro ámbito más primitivo y reptiliano, donde predominan los instintos más básicos, los apegos, el sentido práctico, el materialismo y el acaparamiento, las necesidades de seguridad, sexualidad y sensualidad, el apetito, etc. Es la zona más instintiva, en la que precisamos satisfacer necesidades del ser humano un poco animal que aún reside en nosotros. El mejor ejemplo que ilustra esta zona es la letra “g”, que está considerada la letra de la sexualidad.

La letra “f”, en su estructura caligráfica, es la única letra de nuestro alfabeto que contiene las tres zonas. Por ello nos va a servir para conocer la terminología de estas zonas que utilizamos en grafología:

Zona alta – Cresta o hampa: Imaginación, razón, intelecto, espiritualidad.

 

Zona media – Cuerpo central: Yo, ego, zona de contacto o afectiva.

 

Zona baja – Pie o jamba: instinto, sexualidad, materialismo, sentido práctico

Ahora vamos a ver algunos ejemplos de la relación entre nuestra escritura y la morfología del rostro

Christina Ricchi

SEGÚN SU MORFOPSICOLOGÍA

Rostro con un predominio claro de la la zona cerebral o racional. Además de en lo ancho, destaca su altura, típica de personas imaginativas (ideas más teóricas que prácticas). El perfil redondeado implica creatividad propia de la etapa infantil. Los ojos, receptores de esta zona racional, son grandes, separados y tónicos con gran capacidad de observación y amplitud de miras. La zona emocional presenta un receptor corto que implica impaciencia en el aspecto emocional pero abierto a las relaciones. La zona instintiva es corta, tónica y discretamente proyectada, que se traduce en dinamismo y ejecución de acciones a corto plazo.

SEGÚN SU GRAFOLOGÍA

Si nos fijamos en la escritura de Christina, concretamente en su firma ¿qué nos llama la atención?

Se aprecia un claro predominio de la parte alta de las letras: el hampa en la “h”, y los puntos de las “ies” también muy altos. Esto nos habla de tendencias idealistas, imaginación muy desarrollada, personalidad ingeniosa y creativa, como rasgos dominantes frente a otras posibles motivaciones o intereses.

Su escritura ágil y ejecutada con extrema soltura nos habla de actividad. Refleja a una persona dinámica e inquieta, un tanto irreflexiva e impaciente. La inclinación controlada de sus letras nos dice que, pese a ser impulsiva, sabe controlar muy bien sus pulsiones y sus emociones.

Sus letras ligadas entre sí, de ejecución espontánea, simplificada en las formas y abierta, reflejan buenas habilidades comunicativas, notable inteligencia lingüística, así como facilidad para establecer relaciones sociales y afectivas.

Diana de Gales

SEGÚN SU MORFOPSICOLOGÍA

Hablamos de un rostro con un marco dilatado, que implica reservas energéticas, tónico o dinámico y con predominio de la zona emocional. La forma es hexagonal, muy equilibrada y propia de personas afectivas, estables y con los pies en la tierra. Modelado ondulado propio de adaptabilidad y sociabilidad. Pómulos prominentes y receptores grandes (abiertos a los estímulos). Concretamente la nariz, receptor emocional, es grande y deja entrever los orificios, lo que implica una entrega controlada, si bien la retracción lateral de este receptor es propio de la búsqueda, de las relaciones. Boca grande con labios de grosor medio que implican la necesidad de intercambios y de comunicarse. Retracción frontal que la hacen ser reflexiva y el mentón pequeño pero tónico y algo proyectado que, a pesar de su capacidad de reflexión, muestra valentía en sus acciones.

SEGÚN SU GRAFOLOGÍA

En la escritura de Diana, se observa un claro predominio del cuerpo central de las letras. Las hampas y jambas son cortitas, prácticamente imperceptibles. Esto nos habla de una personalidad afectiva, que se mueve y motiva por las emociones y por los dictados del corazón. También nos habla de una mujer coqueta, centrada en sí misma, en el cuidado de su propio ego y con extraordinarias habilidades para seducir con su encanto personal.

Las formas curvas y redondeadas nos hablan de buena capacidad de adaptación y de un temperamento suave, moderado, tranquilo. La inclinación vertical vibrante de sus letras refleja capacidad de autocontrol y reflexión. Los ligados entre sus letras nos hablan de una persona afectuosa, que necesita y busca el contacto personal, pero que, a su vez, se muestra cauta y selectiva con los afectos. Vehemente y honesta a la hora de sentir y de expresar esos sentimientos.

Ted Bundy

SEGÚN SU MORFOPSICOLOGÍA

Rostro con un marco de tipo medio, algo rectangular y con cierto predominio de la zona instintiva con un modelado ondulado. Grandes reservas de energía  y práctico en su manera de accionar. El modelado de tipo ondulado se relaciona con la sociabilidad y la adaptabilidad. El equilibrio del Marco, en general, impresiona ternura y predisposición a la lucha.

Las sienes ahuecadas nos hablan de opresión en región temporal que desencadena la presencia de ideas laberínticas y cierto fanatismo.

Al mismo tiempo, presenta una gran tonicidad, que se traduce en gran capacidad para la actividad física y el trabajo intenso. Conducta valiente. La conexión con el entorno es fluida y rica y combativa.

El predominio de la zona instintiva lo vincula hacia lo material, agresividad y territorialidad. La boca es tónica y los labios más bien finos, poca palabra, ahorro y control.

La zona emocional es, probablemente, la menos desarrollada con presencia de retracción lateronasal que se percibe de perfil y que denota una introspección emocional. La nariz es estrecha, larga y en retracción lateral. Las aletas son vibrantes y los orificios, visibles. Esto se traduce en astucia, curiosidad, intuición. Las aletas vibrantes y la tonicidad general implican irascibilidad. Los ojos son grandes y tónicos (gran observador), y las cejas se sitúan muy próximas a los ojos lo que implica gran capacidad de concentración. Frente en retracción frontal con presencia de surco medio. Se trata de un elemento de bloqueo que impide llevar a término muchos proyectos (excesiva reflexión).

SEGÚN SU GRAFOLOGÍA

La escritura de Ted Bundy desarrolla ampliamente las tres zonas gráficas –alta, central y baja- Pero existe un llamativo predominio de la parte baja, las jambas de las letras que, además de ser profundas, son invasivas. El interlineado estrecho y la invasión del renglón inferior con las jambas del superior indican gran capacidad de concentración, pero en una mente atormentada, de ideas confusas. Implican además falta de escrúpulos, entrometimiento en el espacio ajeno, falta de respeto, ausencia total de ética. No nos extraña esta tendencia en un asesino en serie como lo fue Ted Bundy, conocido como el “asesino seductor”.

Precisamente ese carácter seductor se refleja en una escritura con angulosidad y fortaleza potente. Las barras altas de sus “tes” indican autoridad, intransigencia, oposición a la norma. Le molesta enormemente sentirse contrariado y este hecho puede hacer brotar su temperamento explosivo.

La presencia de algunas curvas y bucles, especialmente en la palabra “I” (Yo) muestra cierto carisma y coquetería masculina. La inclinación dextrógira de sus letras retrata a un ser social, gran comunicador con una destacada inteligencia lingüística. Locuaz y envolvente. Impulsivo y audaz. Hablamos de una persona irreflexiva, con dificultades para controlar sus emociones y sus pulsiones, sobre todo aquellas que desembocan en las zonas de actuación más instintiva.

Todo gesto, toda expresión, toda mirada o mueca, todo microgesto gráfico que realizamos es una orden directa del cerebro. Una orden a nuestro rostro cuando se muestra o a nuestra mano cuando escribe. Cada pequeño gesto es una expresión de nuestro carácter. Es un mapa que nos guía a los más recónditos rincones de nuestra forma de ser y de comportarnos. Es un reflejo de nuestra personalidad mirándose al espejo. El espejo del alma.

AUTORES:

Sandra Cerro Jiménez

Licenciada en Derecho. Master en Dirección y Gestión de RRHH. Grafóloga y Perito calígrafo. Profesora del Curso Experto universitario en análisis del Comportamiento no consciente y directora del Curso Experto universitario en Grafología empresarial por la UDIMA.
Directora del Centro de Grafología Sandra Cerro.

Cristina Jiménez García

Licenciada en Medicina. Técnico en Morfopsicología. Sinergóloga. Experta en competencias y habilidades emocionales y evaluación de la veracidad y Coach. Profesora del Curso Experto universitario en análisis del Comportamiento no consciente por la UDIMA.
Socia fundadora del Instituto Vermen.

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