Me toco la cara y repito porque no soy consciente

Autora Cristina Jiménez

26 marzo, 2020

Pese a quien le pese, el Dr. Philippe Turchet es un genio. Son pocas las ocasiones en las que tenemos el placer de conocer qué es lo que pasa por su mente. Nos debería regalar más “píldoras” de su visión del comportamiento humano.

 En un reciente comentario realizado en Facebook nos ha transmitido, a modo de gran reflexión, llena de sentido común y de pragmatismo, la lucha por la justificación de la cientificidad de los comportamientos.

Este asunto resulta pertinente a raíz de la pandemia que estamos sufriendo como consecuencia del Covid 19. Como todos sabemos, este virus muestra un elevado índice de contagio derivado del contacto directo. Por este motivo, las autoridades nos instan a NO tocarnos.

Qué fácil sería entonces disminuir los casos positivos, ¿verdad? Sin embargo, no podemos “NO tocarnos”. Aun a sabiendas de que llevarnos las manos a ojos, boca, nariz, NO se puede hacer, lo hacemos.

¿Por qué nos tocamos si no debemos hacerlo?

Hace tiempo que Philippe Turchet nos insta, a los Sinergólogos, a ser conscientes de lo que él mismo bautiza como “bottom up”. Explicado de manera sencilla, sería como decir que el cuerpo siente en primer lugar y el cerebro es consciente, posteriormente. Lo interesante es que el gesto nace de manera no consciente, el cuerpo lo verbaliza y luego llega la cognición, es decir, nuestra consciencia de lo que hemos hecho.

Vamos a ver un ejemplo de la comparecencia del Alcalde de Madrid Martínez-Almeida en el programa de la sexta noche.

Martínez-Almeida

Alcalde, Madrid

El alcalde de Madrid, una ciudad donde se está sufriendo de lleno las consecuencias de esta pandemia, con miles de infectados por el Covid 19 y miles de muertos, conoce las directrices sanitarias a la perfección. ¡NO te toques! ¡No exteriorices aquello que estamos vetando a nivel sanitario! ¡Eres es un ejemplo a seguir por muchos! ¡Si te tocas, las indicaciones sanitarias que se transmiten continuamente, pierden credibilidad!

Como podemos observar, nuestros gestos son inconscientes y, cuando Martinez-Almedia se da cuenta, los evita y no sabe qué hacer con las manos. En ese momento, se da cuenta que el cuerpo ya tiene la orden de moverse y, una vez producida la acción, es cuando toma conciencia y realiza gestos que resultan extraños. Se trata de una mezcla de no quiero hacerlo, no debo hacerlo, pero es que ya mi cuerpo lo ha hecho.

Resulta muy significativo y demoledor mostraros cómo no hay más que usar el sentido común, el por qué los videos nos ayudan a corroborar nuestras proposiciones sinergológicas y el porqué de la visión única que hace la Sinergología del comportamiento humano.

“Todos estos movimientos se realizan espontáneamente. Cuando pensamos en reprimirlos, es demasiado tarde.”

Philippe Turchet, explica y da referencias del tiempo que transcurre entre cada una de las veces que nos tocamos la cara en el intervalo de una hora, y que lo hacemos sin que exista un elemento precursor.

En mi caso concreto, lo supero con creces. Mi barba me hace pellizcarla, atusarla, rascarla y aun a sabiendas que ojos inexpertos puedan interpretar equivocadamente ese gesto, es mi manera de analizar las cosas cuando escucho o cuando soy un emisor silencioso como en estos momentos, en los que pienso cómo dar forma a mis pensamientos.

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Efectivamente, nos tocamos la cara (usando tanto la mano izquierda como la derecha) cuando, por ejemplo, surgen tensiones emocionales interiores y rascarnos, es nuestra recompensa. Cuando lo hacemos, disminuyen nuestras tensiones emocionales.
¿Más razones por las que nos llevamos la mano a la cara? Si, por ejemplo cuando intentamos aflorar nuestros pensamientos, rescatarlos de la memoria.

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O en los casos en los que estamos concentrados en un proceso de reflexión. A mayor concentración, mayor es el tiempo que permanece la mano, aclara Philippe.

Pero aún hay más. Escuchar a Christine Gagnon, compañera sinergóloga Canadiense, analizando la gestualidad de un presentador de Radio-Canada en este video, nos da una idea de la importancia que tiene la actualización constante a la que nos sometemos los Sinergólogos, para perfeccionar nuestros análisis.

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 Este tipo de gestualidad, la que reprimimos e intentamos ocultar como consecuencia de las repercusiones sociales de esta pandemia, o cuando nos reprimimos para no dañar el maquillaje, nos hace darnos cuenta que existe una evolución en la gestualidad del ser humano que no debe pasarse por alto.

El Sinergólogo debe adaptarse a la realidad continuamente.

La gran reflexión, originada por esta pandemia del Covid-19 se resume en:

  • Dada la naturaleza semiconsciente de los autocontactos en la cara, no podemos evitarlos, ya que el cuerpo siente en primer lugar y, cuando somos conscientes, es demasiado tarde.
  • El Sinergólogo tiene que adaptarse a la realidad de una nueva gestualidad que aparece o, como remarca Christine Gagnon, a toda aquella que no se lleva a cabo por motivos externos.

"

Si quieres conocer a alguien no escuches lo que dice, observa lo que hace.

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